diciembre 01, 2009

La misma camiseta

La evidencia de que estudio en una universidad seria, plural, capaz de albergar en su seno las opiniones más divergentes -por más terribles que ellas puedan parecer- no me llegó el pasado 25 de noviembre en la Junta Académica Extraordinaria. Ese día, yo sentí que la comisión moral de una falta de carácter ético inundaba la sala. Hoy, otra vez, en la Asamblea de estudiantes que sesionó, por segunda vez en el salón A4 de nuestra Facultad, el tema más tratado fue el conflicto ético.

Nuestra compañera Karla Briseño estuvo con nosotros para leernos-comentarnos sus impresiones al respecto de esta polémica. Durante la primera hora de la Asamblea de Estudiantes se había leído un oficio acordado ayer, que pedía a las autoridades la realización de la Junta esta semana. Sin embargo, se decidió esperar la visita de ella para luego decidir si quedaba aclarado o se pedía definitivamente una segunda Junta Académica Extraordinaria.

Los puntos más importantes que expresó fueron, a mi juicio, los siguientes:

1.- Ella recibió el link al video por parte de un excompañero de la Facultad, como aclaración al origen de su conocimiento sobre éste.

2.- Su intención con ponerlo en su página personal de Facebook fue mostrar la indignación que sentía (y siente) por el contenido de los comentarios expresados en él, en el que se burlan de una mujer con cáncer, que bien pudo ser la madre de cualquiera de nosotros. Nunca quiso que la directora se enterara del video, pero aclaró que en la “Dirección ya tenían conocimiento de éste desde antes de que lo publicara”.

3.- No considera que haya hecho difusión del video puesto que tomó el link de un sitio de Internet público y lo colocó en su página, que “considera no recibe ni siquiera 15 visitas diarias”.

4.- No asistió a la Junta Académica Extraordinaria porque no fue citada a ella, ya que es “una mujer que no teme dar la cara y haría de nuevo y por cualquier persona lo que hizo por la maestra Rocío”.

5.- Cree que el problema se ha hecho más grande de lo que es y que con ello se ha contribuido a crear una mala fama de la Universidad en el medio local veracruzano.

6.- Especificó que algunos comentarios que se han hecho al respecto tendrán consecuencias, porque cada quien debe ser responsable de lo que dice y hace. (Hizo referencia a algunos comentarios publicados esta semana en Facebook, algunos de ellos en mi portal, lo cual me alegra porque no sabía si ella había tenido la oportunidad de leer mis textos).

7.- Enfrentó directamente a Antonio Alonso al respecto de la acusación que éste hizo a ella por la presunta suplantación de identidad, le dijo que ese texto no tenía su estilo de redacción y que ella jamás haría tal cosa, además que era “muy poco hombre de su parte acusarla en los pasillos y a sus espaldas”.

8.- Pidió que no “se engañen a los compañeros estudiantes con chismes de pasillo” y que la respeten como mujer y como compañera, ya que no tiene que demostrar a nadie el tipo de persona ni de mujer que es.

Al terminar, comentó que estaba muy indignada y que no tenía que pedir disculpas a nadie puesto que volvería a hacer lo mismo “por cualquier persona en esa situación”.
No quiso permanecer más en la sala, así que cuando terminó de hablar se retiró.

De aquí desprendo varias reflexiones, a riesgo de que quizá algunas de ellas ya se comentaron/votaron en la Asamblea de la que me salí antes porque tenía que ir a inyectarme.

No me imaginé que tendría que escribir mi opinión ética sobre el video de mofa. Y no lo pensé porque tanto en lo que he escrito, hablado en “los pasillos” con mis compañeros, maestros, mi madre que tanto me ha aconsejado en este asunto, creía que a todos quedaba claro, por la obviedad del sentido común, que nadie podría defender lo indefendible.

Es decir, que burlarse no de una mujer con cáncer, sino del cáncer de una mujer que es además líder de la comunidad en que uno diariamente se desenvuelve, sobrepasa por mucho los calificativos de mal gusto o escarnio, y entra en terrenos indeseables para cualquier situación sobre la que jamás en la vida me gustaría debatir.

Por eso es que ni siquiera me pasó por la mente plantear la discusión desde el terreno ético, por el simple hecho de que no habría discusión posible: no encontraría, creo, una sola persona que crea que es correcto burlarse, menos en esos términos, de una persona, una mujer.

Ni siquiera los propios implicados/sancionados entrarían a debate si alguien se le ocurriese plantearlo bajo tal perspectiva, ellos fueron los primeros en acusar el video y pedir disculpas públicas por su contenido.

Ahora, el hecho de que aún a tantos días salga a colación el tema ético como protagonista del discurso de Karla me hizo pensar dos cosas: a) portamos (ella y los de la Asamblea) en realidad la misma camiseta en términos de percepción del video, b) no lo sabemos.

Por eso me alegra que Karla haya estado hoy con nosotros, me permitió poner en perspectiva esta situación desde la certeza, ahora sí, de que de raíz hablamos de lo mismo: es un hecho descalificable, terrible y absolutamente reprobable desde cualquier punto de vista. Me parece triste que esta base necesite aclararse, pero sí me siento en la responsabilidad de hacerlo por escrito en este punto de la discusión, porque ello nos puede conducir a comenzar a enfrentar el problema desde el plano en que siempre lo he visto: la dispersión en la condena.

Disentimos en otros puntos importantes, por tanto a mi criterio este asunto no está agotado. Pongo a disposición de ustedes esos puntos, así como espero su opinión sobre la postura de nuestra compañera.

9.- Lo que ya se ha dicho: aumentaron las visitas desde que ella lo puso en su página. Pero, aclarada por ella la intencionalidad y el hecho de que a su consideración, las visitas a su perfil eran muy pocas diariamente, podemos concluir que es una consecuencia no deseada basada en la imagen errónea de la popularidad de su sitio. ¿Qué opinan?

10.- Aunque ella no hablo nada sobre la sanción de Randú y Pedro, creo que es importante. Nosotros consideramos que deben apoyarse para que las consecuencias no sean escolares sino civiles y, en todo caso, no representen un año fuera de la universidad. Sobre todo, apoyamos el criterio que un hecho personal no debe privar a alguien al derecho a la educación, sino que la propia institución tiene otros métodos de aleccionamiento de los valores y la condena pública a los hechos de bajo nivel ético. ¿Creen que esto es una diferencia?

Por último quiero referirme a otro punto álgido en mis reflexiones: la mala fama de la universidad. Según he leído, este asunto no ha llegado a los medios de comunicación. Creo que la nuestra es una gran Universidad y como tal dispone de muchos recursos internos de apelación/aclaración/defensoría que encaminan un problema universitario por muchas vías internas dentro de la propia institucionalidad. Nosotros hemos transitado por estas vías, seguimos transitando por ellas y creo que seguiremos haciéndolo, mientras las instancias internas previstas den curso a nuestras peticiones.

Difiero de Karla con respecto a la imagen que este asunto muestra sobre la Universidad Veracruzana. Si bien el origen de la discusión/molestia/petición de aclaración habla mal de nuestros miembros, el curso que se ha llevado, en especial por los estudiantes, nos habla de civilidad, pacifismo, vida democrática interna y tolerancia, valores pilares de la alma mater de donde con gran orgullo egresaré próximamente.

Nuestras peticiones han sido dentro del marco de la ley, en los tiempos que dispone cada trámite. Hemos sido transparentes en nuestras prácticas, hemos publicado por escrito nuestras opiniones en sitios públicos, hemos convocado a Asambleas estudiantiles abiertas para cualquier estudiante interesado, las hemos grabado, así como los intercambios con las autoridades de nuestra escuela.

Se nos acusó hoy de haber engañado a estudiantes. No doy crédito a tal acusación hasta tanto no me lo diga directamente la persona que se sintió engañada o se descubrió engañada. Como no he dado crédito a ningún rumor que involucre temas no comprobables, o que no son expresados abiertamente por alguien que sea capaz de sostenerlo.

Creo que estamos haciéndolo como adultos capaces de llevar esta experiencia a terrenos menos tristes en el marco ético, algunos, como ya he dicho, que sí involucran la vida estudiantil de todos. Terrenos en los que no dudo, Karla y nosotros tendremos, otra vez, la misma camiseta.

noviembre 29, 2009

Asamblea General

A partir de los eventos de la semana pasada, un considerable número de alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana hemos conversado en Facebook a través de varios posts relacionados a la situación de Josué Randú, Pedro Hernández y Karla Briseño, y han comenzado a surgir inquietudes sobre otros temas de gran importancia para nuestra escuela.

En esta ocasión, mi Facebook está deshabilitado ya que según me informó el "Facebook Team" aloguien lo reportó de forma anónima acusándome de publicar pornografía en mi página personal. No tendré acceso a mi cuenta en tanto no se aclare la situación, así que desde acá les envío una convocatoria para una Asamblea mañana, abierta para debate entre estudiantes.


noviembre 25, 2009

Para todos: Facico

Lo que presencié ayer no tiene paralelo en mi historia. Por primera vez, compañeros de escuela con los que convivo a diario, compañeros de los que no sé sus nombres y quizá muchos de ellos tampoco conocen el mío, nos unimos para escuchar, alegar y pedir lo que creíamos justo.

Ante un hecho que nos sorprendió a todos -la difusión por Internet de un video en que un estudiante hacía mofa de tres integrantes de la comunidad- acudimos a la Junta Académica Extraordinaria, convocada por la vicerrectora de la UV campus Veracruz, con la intención de que se aclarara el asunto y se resolviera con tolerancia, justicia y autocrítica.

De inicio, nos dejaron fuera. Por primera vez desde que estoy en la escuela (2004) y según escuché desde mucho antes, hicieron la Junta a puertas cerradas. Es cierto, así está en el reglamento. Pero no alcanzo aún hoy a entender por qué la mayoría de los maestros votaron en contra de que presenciáramos la Junta. Logramos al menos que nos sacaran una bocina, para enterarnos entre shhhhhh's de lo que acontecía dentro, siempre que se usara micrófono.

Escuchamos de la maestra María de Jesús (Chuchis) que a ella le dolió el video, le molestó, pero que estaba en contra de que las consecuencias fueran muy severas.

Víctor (Papitas) nos conmovió. En una hilación de ideas brillante, a mi juicio, dijo: sé que se burlan de mí y yo los perdono, creo que deben ser sancionados pero desde mi punto de vista no debe ser tan grave, y quiero que se atrapen a todos los responsables y no se incriminen personas. Desde afuera, vitoreamos para molestia de él, atormentado.

Nuestra Directora (la mayor afectada, por el caliz de las burlas en su contra en el video) relató el hecho desde su perspectiva y la de su familia. Lloró, se oía muy afectada, pero pidió a la junta tomaran en cuenta, si bien la gravedad del problema, el hecho de que son jóvenes inmaduros y no los afectaran con una sanción definitoria, que tomáramos el principio de la tolerancia, que es uno de los valores de nuestra Facultad.

Luego hablaron los implicados, según dijeron, sin orden aparente.

Nicolás aclaró que no sabía por qué su nombre aparecía en el video. Aunque ya la Directora había dejado antes en claro que la inclusión de él era un poco casualidad, e implícitamente que no lo creía cierto.

Pedro (Zombie), quien es el único que aparece en cámara, aceptó su participación, alegó que fue en un momento de "farra" y que aunque no lo sancionaran él pediría su baja definitiva de la Facultad.

Josué admitió haber grabado y subido el video a su portal de Youtube, demostró con estadísticas de este Portal que, durante seis meses, éste fue casi desconocido y que las visitas al mismo se dispararon a partir de que otra compañera, Karla Briseño, lo puso como link desde su página de Facebook.

¿Dónde está Karla? Decíamos. No vino, no fue citada, aclaraba nuestro compañero Balam. Es cierto, no fue citada.

Al final habló Antonio (Baloo). Se vio inmiscuido en el asunto pues, en días posteriores al debate en la página de Facebook de Karla acerca del video, "alguien" envió un correo a nombre de Club Facico -la organización estudiantil que preside- y de él mismo, pidiendo disculpas por el material y "justificándose" en la libertad de expresión para su difusión. Contó que él no tenía nada que ver, mostró un correo aclaratorio que él había enviado a propósito y que ya disponía de una respuesta de nuestro rector, Raúl Arias Lovillo. Al ser el delito suplantanción de identidad, puso ya una denuncia ante el Ministerio Público y citó el número de averiguación previa.

A pesar de todo, los condenaron. Nicolás y Antonio fueron absueltos, Pedro y Josué estarán desde ahora -y durante seis meses- suspendidos de la Facultad. Y es aquí donde quisiera compartir tres cuestiones:

1.- Si los implicados ya conocían que Karla Briseño era elemento fundamental para aclarar la difusión del video y su intencionalidad, ¿por qué no fue citada a esa Junta? Hoy hemos juntado firmas para que se convoque a otra Junta y se analice también su caso. ¿Qué opinan de esto?

2.- El estatuto de la Universidad Veracruzana pone como tiempo máximo de suspensión (y pérdida de acreditación, por ende) un semestre. La sanción de suspensión tomará efecto inmediato a la culminación de la Junta, dejará por tanto a Pedro y Josué fuera de las aulas de diciembre 2009 a mayo 2010, imposibilitándolos de presentar los exámenes de este semestre y de acreditar asistencias, participaciones y trabajos de casi todo el siguiente semestre. Los deja entonces casi en automático reprobados de UN año (dos semestres) de estudios en la UV. ¿No les parece esto ilegal? ¿Qué proponen al respecto?

3.- Si los tres afectados pidieron que se pusieran sanciones "no tan graves" a los implicados, ¿por qué la mayoría de la Junta hizo caso omiso a su voluntad y condenó con mano dura?

Espero sus comentarios, réplicas y lo que quieran aportar a este caso que, evidentemente, merece ser tratado con guantes de seda. A mí, a pesar de lo triste, me quedó en claro algo que a veces olvido: mi escuela es para los altos, los flacos, los tristes, los intelectuales, los románticos, los hippies, como decía un comercial, para todos. Me alegra, eso sí, haber levantado la cara de la rutina para escuchar, evaluar, opinar. Y al día siguiente (hoy), ya fuera del calor del momento, levantarla de nuevo.

noviembre 23, 2009

Imágenes de mi Habana 3/3: Sin tierra


Conocí el blog de Yoani Sánchez por una clase de Periodismo, cuando un profesor mexicano me preguntó por ella a propósito del premio Ortega y Gasset. En ese momento me resultó más divertido el hecho de que algunos de mis compañeros de clase pensaran que Ortega y Gasset eran dos amigos que siempre andaban juntos y no le di importancia a Generación Y.

Un día entré por curiosidad, el concepto del nombre llamaba mucho mi atención. Al leerlo pensé que era un blog que podría haber escrito cualquier persona, sin necesidad de una profesión de periodista (argumento que la misma Yoani repitió en una entrevista que hace poco vi en Youtube).

Noté que los comentarios que replicaban los posts eran muy ofensivos, tanto de una parte como de la otra. La revancha, el espíritu de venganza y de odio que enfrentaba a personas que tenían en común historias, recuerdos, melodías y sabores me espantó. Sinceramente.

Salí volada del blog y no regresé a tocar el tema con nadie hasta hace poco más de un mes, en el Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social (Felafacs) en el Palacio de las Convenciones en La Habana.

Ya me habían contado que Yoani era un tema tabú en Cuba, y por más que había indagado con mi familia, amigos y vecinos nadie la conocía ni jamás había oído o leído algo sobre ella. Esto era lógico, tomando en cuenta que Yoani es "más virtual que real" como ella misma se ha calificado y que en Cuba para conocer lo virtual se deben disponer de recursos que mi familia no posee.

Luego supe que en Cuba su blog había sido bloqueado, tema que fue constatado por la avalancha de participantes en Felafacs que ansiosos por el morbo corrieron esa tarde a buscar Generación Y desde sitios públicos, laptops, netbooks, Blackberrys y todo dispositivo que se le parezca.

Fue en el tercer Diálogo, con el tema de las nuevas tecnologías y el mercado laboral en comunicación, que se destapó el tema. Ya durante la conferencia magistral de esa mañana, Octavio Islas había halagado hasta el cansancio a Ramón Alberto Garza, director de Reporte Índigo, una de las revistas de periodismo de investigación que más respeto y admiro en México.

Al tomar el micrófono, Garza llevó de un tema a otro hasta engancharlo rápidamente a Yoani, y pidió al gobierno cubano que la dejasen salir a recoger el Premio María Moors Cabot, que le había otorgado una mención especial y de cuyo jurado el propio Garza había formado parte.

Pasó a otros temas, pero sinceramente no escuché nada más. Como estaba sentada en la parte trasera del salón, sentí mi cabeza calentarse, sentí los nervios de antaño en todo mi cuerpo y comencé a ver entrar mucha gente, otros salir, todos a moverse despavoridos y algunos constreñir el rostro, aguzar los dientes, conteniendo la ira.

Al final Garza regresó al tema de Yoani y dijo que una sola persona, sin un gran medio de comunicación detrás, podría generar un gran cambio. Creo que en ese punto ya nadie más escuchaba, a excepción de los extranjeros, que ni idea tenían de lo que vendría a continuación.

Se dio la palabra a Arleen Rodríguez, recuerdo de ella una frase en particular: es muy fácil vender a Cuba, lo que es difícil es defender a Cuba. (Aplausos repetidos y largos).

Luego habló una estudiante de Periodismo. Dio los datos exactos del dominio y la página (datos que hacía diez minutos le había yo explicado a un amigo, también estudiante de Periodismo en la UH). Dijo que el dominio de la página de Yoani era alemán, que tendría que tener respaldo económico "del imperio" para tener tantas traducciones a idiomas y que ella no trabajaba, así que tenía que ser mantenida de algún enemigo de la Revolución. Me pregunté de nuevo cómo sabía todo eso, si el sitio estaba bloqueado en Cuba, según ella por Estados Unidos.

Ahí me dije, ¿y cómo se mantiene Yoani? ¿Quién es ella, por qué hace todo eso, finalmente? La interrumpían continuamente con aplausos, griteríos, entre las caras de absoluta sorpresa de los delegados internacionales, que asistían a un festejo ajeno al que no habían sido invitados.

Luego replicó Garza. Con una media sonrisa, la voz pausada (sin la evidente pasión al tema que mis compatriotas mostraron) dijo: yo no estoy defendiendo a Yoani. Estoy diciendo que tienen que haber muchas como ellas, para que cada quien dentro y fuera de Cuba haga su versión de lo que sucede aquí. Y digo que esos fantasmas, esos grandes emporios de los que hablan ya no existen, una sola persona que es leída puede ser un gran cambio.

Y se calló, aún con la risa en los labios.

Alcancé a ver como Octavio Islas, apenado, pedía disculpas a una profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, organizadores del evento.

Al salir, aún me temblaban las manos.

He pensado largamente en todos los argumentos que pude decir esa tarde. Que Yoani podía ser vendida pero que no podían comprar a todos los que entraban a su blog, que su éxito era culpa de que no hubieran otras propuestas mejores (entonces no conocía La Polémica Digital, que creo es no sólo mejor sino mucho mejor), que era una contradicción que le dieran tanta importancia y levantara tanta furia alguien que "no representaba nada", que Cuba es mucho más que las historias de una sola persona, pero es también las historias de una sola persona.

Pero no dije nada. Aún con mi ciudadanía extranjera, mi título de una Universidad en México, mi larga trayectoria contestataria en cualquier tema, desde la elección del menú hasta las posiciones políticas, no dije nada. Lo poco que dije fue tomado como lógico, porque yo vivía en el extranjero. Ninguneado, claramente.



Pocos días después, declaró que había sido atacada, culpó a la seguridad del Estado. Me atreví entonces a escribirle, bajo apodo, para pedir una foto de sus golpes. Fui acusada por sus comentaristas de comunista retrógrada. Afirmaron categóricamente que era yo empleada de una oficina de seguridad, y que escribía desde la comodidad de una oficina climatizada en Miramar.

Yo, enferma en Veracruz, me sentí de nuevo sin tierra.

noviembre 10, 2009

Imágenes de mi Habana: "Venceremos" 2/3


Abuela perteneció en los años cuarenta a una de las familias más potentadas de Ciego de Ávila, una provincia en el centro de Cuba. Eso lo sabemos por un recorte de periódico que encontramos de cuando mis bisabuelos se casaron, era una nota social en que se observaba un juego de anillo, con aretes y collar de zafiros que él le dio a ella como regalo de bodas. Además, hace pocos años mi tía visitó lo que en aquellos tiempos era el café Le Grand Paris, propiedad y sustento de la familia, hoy una escuela secundaria en el centro de la ciudad de Ciego.
Cuando murió el padre de mi abuela todos los hijos se fueron a La Habana, rentaron una casa grande en la Calle Cuba y comenzaron a trabajar sin dejar, claro, de asistir a clubes sociales, eventos de etiqueta y comportarse como los "juniors" que alguna vez habían sido.
En esos trances andaban cuando triunfó la Revolución. Una de las hermanas, Hilda, ya se había ido a vivir a Estados Unidos, pues se había enamorado de un norteamericano a inicios de los cincuenta, para descrédito ante la familia, que no veía bien los matrimonios con extranjeros. Otros tenían cargos altos en compañías americanas en la isla, como la de teléfonos y electricidad. Mi abuela ya por entonces se enrolaba orgullosamente como jefa de perfumería de la fina tienda La Época, donde, según me contaba cuando yo era niña, negociaba con árabes que viajaban hasta Cuba para ofrecer sus aromas, y vendía esencias a las principales figuras de la élite cubana. En alguna forma, claro, ella portaba aún esa clase que antaño le habían enseñado en el seno familiar. Rentaban una propiedad horizontal en Centro Habana, se había casado a los treinta años para no desperdiciar juventud con un matrimonio y usarla en vez para las fiestas y los viajes, cada una de sus hijas tenía su nana.
En eso triunfa la Revolución. Sus hermanos se fueron al norte, como ella siempre insistió en llamarlo. Sólo quedaron en Cuba una tía soltera, María, su mamá y ella, con el esposo y las tres hijas. Dejó de escribirse con su familia porque le habían dado la espalda al proyecto revolucionario, cambió la ropa de etiqueta por pantalones mezclilla y decidió inscribir a una de sus hijas en la escuela militar Los Camilitos, a otra mandarla a la Vocacional Lenin y ella misma despedir a las nanas, ponerse a trabajar en una fábrica de flores y hacerme miembro del Partido Comunista de Cuba.
Vivió en la misma casa que entonces rentaban, la cual hicieron suya por un módico precio, en pagos, como casi todas las propiedades de esa época, hasta que cedió su lucidez. No viajó nunca más al extranjero, leyó tanto como para conocer el mundo sin necesidad de hospedarse en otros sitios. Nos heredó a sus cinco nietos el mismo silloncito de madera que entonces tenían en la sala, realizó en sus casa reuniones del Partido hasta que la catarata y la fractura de cadera vencieron su entusiasmo, y jamás la vi realizar crítica alguna al sistema socialista, o alguna de sus prácticas.
Temí en este viaje reciente a La Habana que la vejez y la demencia hubieran acabado con esa consistencia, quizá para algunos cerrada y esquemática, que sustentó la vida y el pensamiento de mi abuela. Constaté, con alegría en lugar de nostalgia, que su menté ya desvaría demasiado. Sólo se acordó de mi nombre un momento de los ocho días que estuve en su casa, a mi madre sólo la mencionaba de paso, confundiéndola con ella misma o con una hermana, en lugar de su hija menor. Pero en las tardes, cuando le preguntaba por su esposo, me contestaba airosa que se llamaba Fidel Castro Ruz. ¡Es comunista hasta la muerte! decíamos entre risas.
Y cuando me acercaba a su oído, en los momentos en que parecía que ya no oía nada, le gritaba: Patria o Muerte, y respondía: venceremos.
A mí esa frase me hacía vibrar profundamente cuando era niña, incluso ahora, cuando en el calor humano que arrasa una manifestación escucho a la gente replicarla siento la fuerza de quien se une a una causa, de quien se aferra a vivir con lo que piensa. Mi consistencia es distinta, he comenzado a ver cráteres en el rostro de mi tierra, he comenzado a dejar de escuchar esta frase y verla en un papel, con tinta roja, como el color del poder y la determinación de las ideas sobre el otro, que no necesariamente no las comparte, sin que deje por ello de vibrar con las palabras.
Mi consistencia flaquea entonces, y ahora sí veo con nostalgia a mi abuela y su vejez me produce la tranquilidad de que ella morirá aún con la entereza de no ver sus ideas eclipsadas, sin esta sensación de corcho que me produce pensar y hablar sobre Cuba, sin esta negatividad que percibo en ambas partes que no dialogan sin atacar al contrario, en que lo contestatario se vuelve automáticamente "mercantil", en que lo cotidiano se acusa de caricatura, en que uno duda de que está viendo correctamente, porque el cristal siempre está empañado por otros, que nada saben o sienten y cuya opinión nos parece a veces más clara y simple, por ajena.
Comienzo a preguntarme si mi inconsistencia es el palpitar de mi tiempo, si soy sólo una más de las confusas, que dentro y fuera, luchan cada día por tener una opinión justa de mi tierra y su presente. Y me respondo que, quizá, es ése el precio de la parcialidad que da un espacio de publicación como éste, que existimos en la red para expresar la duda y la inconsistencia, la confusión y la sorpresa, más que la verdad, la determinación, la certeza. Tendremos por cierto, quizá muy pronto, que estas formas alternas de pensamiento son los ganchos más fuertes para anclarnos con el otro, que quizá también tuvo alguien, o tiene, que aún demente sigue gritando: venceremos.

noviembre 09, 2009

Imágenes de mi Habana 1/3


Le debía este post a mucha gente, así que aquí va, desde este encierro con sabor a jarabe para la influenza y los recuerdos de La Habana, que se reinventan.

La Habana es una de las únicas partes totalmente ciertas de mi vida. Por eso es que no podía dormir los días previos, por eso el que Carlos fuera conmigo se revestía de un halo más importante, por eso ver a abuela, cosida a la ciudad desde que tengo memoria, era de una dimensión colorida y violenta para mí.

Llegamos al sabor ocre de los octubres de mi tierra y, al llegar, me asaltó la misma palabra de siempre: desenfado. El aeropuerto tenía como siempre esa mezcla de miedo y lujuria que proyecta la capital. Me gustó más que Carlos estuviera ahí, para que el recuerdo fuera totalmente mío, sin tener que adobarlo para contárselo después.

1/3

Vamos al jamón. Temblaba como un papel cuando recogí mi pequeña maleta de 24 kilos y medio, de la estera para equipajes desde México. Un tipo de al menos dos metros señalaba nuestra otra maleta (la otra, la de la comida, con un enorme asterisco azul pintado en la etiqueta) y decía: ésa está repleta, no dejen que se les vaya. Desentendida, caminé lo más derecha que pude sin ver a mi esposo quien, ya alistado en los menesteres de la Aduana de Cuba, me miraba de reojo para que no nos pasaran juntos a la revisión del peso para pasajeros cubanos.

Me dispuse a la salida como quien no quiere la cosa, aunque me regresaron a buscar un carrito y dirigirme a la zona de escrutinio de los 30 kgs permitidos para nacidos en mi isla. Ya me habían advertido que este peso era de 30kgs sin importar que la aerolínea permitiera 50kgs por pasajero, pero lo que no me habían dicho era que también pesaban mi equipaje de mano.

En un hilo acomodé ambos equipajes en la pesa cuyo resultado fue: exento de pago. Suspiré. Mi bolsa de mano no excedía el peso. Ya casi salía del trance cuando vieron que mi talón de equipaje no decía mi nombre sino otro: Carlos Cerdán. Aún temerosa de que vieran que era mi marido, dije que debía ser una equivocación porque todos los pasajeros rumbo al Congreso de Felafacs en el Palacio de las Convenciones habíamos documentado juntos en el Distrito Federal. Pasé otra prueba y ya con talón en mano me moví feliz, ya por otro pasillo, hacia la salida donde esperaban mi tía y mis amigas.

Pero no era todo. Detuvieron a Carlos por el asterisco en la etiqueta y lo mandaron a "revisión sanitaria". Enojado, desvió el carrito y tuvimos que esperarlo afuera, bajo advertencia de los presentes de que le cobrarían al menos doscientos CUC de exceso de equipaje por traer comida para mi familia.

Aquí la parte que él relata: abrieron la maleta, tocaron todo lo que venía sellado y en la parte que estaba envuelta en la toalla sintieron algo frío, el jamón. "Tengo que retirárselo, señor, es por restricción sanitaria debido a la influenza porcina".

Era un jamón de seis kilos, de pavo y sellado al vacío, que traíamos a mi abuela por su cumpleaños. Era un jamón corriente, simple, sin gran añejo, proveniente de una finca en Veracruz casi desconocida. Era un jamón que se adquiere en la tienda de la esquina de mi casa por $30 el kilo. Sellado al vacío, bajo las normas de ingreso de comida a cualquier país del mundo.

No le cobraron nada, dicen que por su pasaporte decía Estados Unidos Mexicanos.

Y me pregunto, ¿de dónde salen estas reglas? ¿Por qué debemos pagar por ingresar víveres que el gobierno no ha surtido en las tiendas, por qué nos limitan por cosas que aún con dinero y por los motivos que sean en la isla no se pueden comprar? Esto no tiene nada de político, es más un caso de burocracia y, si me permiten, tontería. No es Cuba ni remotamente el único país del mundo donde los que viven en el extranjero mantienen parte del núcleo familiar. Ni es tampoco quien impone los reglamentos internacionales de protección sanitaria. Lo que pasa es que se dan armas para que el empleado de Aduanas, ciudadano de a pie con las mismas necesidades que mi abuela, se le antoje con toda razón 12 libras de jamón de pavo.

Y esas armas debe ponerlas el gobierno, no dejarlas al albedrío de un empleado cuyas necesidades y aspiraciones tampoco han sido totalmente cubiertas.

Es, como dirían en mi casa, como esperar que dure un merengue en la puerta de un colegio.

mayo 22, 2009

Homenaje a Mario Benedetti


Dónde esté, si es que está, será una pena que no exista Dios. Pero Mario descansó en domingo, extrañando a Luz, contestando con su cuerpo todas las preguntas sobre la mortalidad, la trascendencia, que en vida se hizo, nos hicimos. Se nos murió Mario, dijeron el domingo. Una señora lloraba en el Palacio, a unos pasos de su cadáver sin haber podido estar en vida a unos pasos de él, sin haber recibido su candidez y su humildad, su compromiso y su constancia. De hombres de constancia estamos faltos ahora, y por eso es también que merece Mario este homenaje.

De mi vida con él recuerdo pasos, sitios donde invariablemente caminamos juntos, él como poeta, yo como niña. De su vida conmigo no recuerdo nada, la planeó antes de que yo naciera, la escribió antes. De su estancia en Cuba sé muy poco, sólo que habló de la injusticia y la masacre, sólo que condenó la dictadura con fuerza y sentido común, que tanta falta hace a los poetas.

          Recuerdo de él y Eliseo Subiela en esa película dulce y terrible que es El Lado Oscuro del Corazón, donde Mario declama sus poemas en alemán, y parece uno más en la historia. Supe que las prostitutas lo guardaban en floreros, que los militares lo usaron como almohadas, que aquellos quienes no gustan leer nada lo pusieron en Youtube con sus nombres y sus imágenes.

          Su discurso limpio y con retozo nos desentrañaba lo evidente, nos hacía mirar con insistencia los relojes, las alfombras, las tasas de café. Nos hacía mirar con insistencia la vida. Así recuerdo yo a Benedetti, con los ojos abiertos y el corazón como un retrato constante de que la verdad no necesita aspavientos ni diplomas, de que la rutina es perfectamente capaz de parir a lo inaudito, de que el hoy por hoy de la oficina, puede ser también un motivo de descanso, una tregua.

          Nos hacía mirar, como Sabines, a la muerte de cara y sin tapujos, con la redondez que merece, no como una línea al fondo de un horizonte de otros siglos, cuando el hombre no sabía nada de sí mismo. Me enseñó varias verdades increíbles, pero sobre todo ésta: uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere.

abril 26, 2009

Viaje a la semilla

Por: Liomán Lima Padrón*.


Roncali barría de luz las noches de Guanahacabibes. Mientras, en sus casuchas de madera y tejas todavía contaban que el tesoro era cierto, que estaba perdido por hechizos de piratas en algún lugar cercano al faro y  algún día habrían de encontrarlo.

Noches de mi pueblo, noches de mi infancia: las casas eran un país de sombras largas. Como en los tiempos originales del hombre las manos dibujaban, por un instante, animales oscuros en las paredes. Alrededor de un viejo quinqué, hoguera de eternos apagones, nacían historias de botijas enterradas y  oro, mitos de proezas y miedo, de barcos hundidos o gritos más allá de los farallones.  

Guanahacabibes parecía un pueblo sacado de las leyendas,  detenido en el tiempo, como si todavía  no se hubieran creado Internet o las guerras, o  aún fuera historia futura el pecado de la manzana. Maravilla de pueblos perdidos en medio de la nada. Macondos cotidianos de pocas casas y  piedras como huevos prehistóricos.

No nací allí. Había llegado con sólo unos meses. Pero fue entre sus manglares y gente buena, de ésas que en la capital  llaman tontos, con leyendas de corsarios y luces nocturnas, de ciervos encantados y sonidos de radares, donde aprendí la lección infalible de crecer.

Los niños éramos entonces una hermandad de piratas armados de piedras y palos que salíamos a desandar las sombras, a buscar mapas envejecidos dentro de botellas o  a molestar tortugas en desove. Otras veces, alumbrábamos con linternas hacia las casas o nos uníamos en alaridos desesperados.  

Así, al amanecer, cuando las manos callosas comenzaban a tensar las pitas y acariciar las proas de los botes, ya se escuchaban los rumores de los fantasmas de la noche anterior. Y nosotros reíamos y sabíamos que era bueno vivir en un lugar así, donde es todavía posible creer en misterios, como pasos perdidos del hombre, como viajes a su semilla.

Después tuve que regresar a la ciudad de Pinar del Río, llena de olvidos y burlas, donde un día había nacido y de la que nada recordaba. Pero alguna parte de mi vida quedó allá, acompañando al torrero en la soledad de su servicio o escondida, tal vez, junto a los tesoros todavía ocultos.

 Quizás algún día deba regresar a buscarlos, como cuando era un muchacho.  Volver. Andar otra vez por sus calles de tierra, sobre la cuerda de la memoria. Escarbar entre los recuerdos y los aromas. Asomarme a las ventanas de un pueblo viejo para verme marchar hacia los nuevos senderos de la vida.

 *Estudiante de Periodismo, Universidad de La Habana. Texto tomado de http://luisexto.blogia.com/2009/040701-volver-a-la-semilla.php