
Dónde esté, si es que está, será una pena que no exista Dios. Pero Mario descansó en domingo, extrañando a Luz, contestando con su cuerpo todas las preguntas sobre la mortalidad, la trascendencia, que en vida se hizo, nos hicimos. Se nos murió Mario, dijeron el domingo. Una señora lloraba en el Palacio, a unos pasos de su cadáver sin haber podido estar en vida a unos pasos de él, sin haber recibido su candidez y su humildad, su compromiso y su constancia. De hombres de constancia estamos faltos ahora, y por eso es también que merece Mario este homenaje. De mi vida con él recuerdo pasos, sitios donde invariablemente caminamos juntos, él como poeta, yo como niña. De su vida conmigo no recuerdo nada, la planeó antes de que yo naciera, la escribió antes. De su estancia en Cuba sé muy poco, sólo que habló de la injusticia y la masacre, sólo que condenó la dictadura con fuerza y sentido común, que tanta falta hace a los poetas. Recuerdo de él y Eliseo Subiela en esa película dulce y terrible que es El Lado Oscuro del Corazón, donde Mario declama sus poemas en alemán, y parece uno más en la historia. Supe que las prostitutas lo guardaban en floreros, que los militares lo usaron como almohadas, que aquellos quienes no gustan leer nada lo pusieron en Youtube con sus nombres y sus imágenes. Su discurso limpio y con retozo nos desentrañaba lo evidente, nos hacía mirar con insistencia los relojes, las alfombras, las tasas de café. Nos hacía mirar con insistencia la vida. Así recuerdo yo a Benedetti, con los ojos abiertos y el corazón como un retrato constante de que la verdad no necesita aspavientos ni diplomas, de que la rutina es perfectamente capaz de parir a lo inaudito, de que el hoy por hoy de la oficina, puede ser también un motivo de descanso, una tregua. Nos hacía mirar, como Sabines, a la muerte de cara y sin tapujos, con la redondez que merece, no como una línea al fondo de un horizonte de otros siglos, cuando el hombre no sabía nada de sí mismo. Me enseñó varias verdades increíbles, pero sobre todo ésta: uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere.



